En primavera florece la vida,
con la belleza que otorgan al alma,
y ante mis ojos la dama querida,
es Dulcinea que todo lo calma.
Ya no hay espadas, ni lanza perdida,
Cupido entra y al mundo desarma.
Don Quijote suspira, alma rendida,
como Romeo que a Julieta inflama.
Dos genios cantan: Cervantes y el cielo,
y en cada verso nace un juramento:
amar sin miedo, sin corona y duelo.
Que brille el amor, claro firmamento,
que en mis letras le ofrezca mi desvelo,
y el mundo aprenda a amar con sentimiento.
Jaime Correa