Avaricia es la sombra que encadena,
un ansia que jamás se ve saciada,
que deja el alma muda y desgastada,
viviendo de una falsa y triste pena,
en una torre gélida y apartada.
La riqueza guardada en un rincón,
alimenta el vacío y la codicia,
olvida del hermano la justicia,
y seca para siempre el corazón
buscando solo el oro y la delicia.
Encierra entre cerrojos su tesoro,
mirando las monedas con desvelo,
sin ver que se le acaba ya el consuelo,
cambiando la alegría por el oro,
perdiendo por la tierra todo el cielo.
El avaro acumula sin medida,
pensando que su cofre es el destino,
perdiendo la nobleza del camino,
y pasa por las horas de la vida
esclavo de un metal que es su asesino.
Al final del camino nada queda,
las manos que guardaron tanta plata
se hunden en las tinieblas que desata
la muerte que no compra la moneda,
y el brillo del metal que desbarata.