A veces, cuando me asomo al cielo nocturno, me pregunto cuántas de las estrellas que veo abrigarán planetas con vida, como la Tierra. Y nace un sentimiento o sentido de soledad cósmica precisamente de eso, de nuestra incertidumbre sobre la posible existencia de remotas civilizaciones muy distintas a la nuestra.
Aproximadamente, cuatro años luz nos separan de las estrellas más cercanas. Tal sentimiento de soledad cósmica quizá se atenuaría un poco si pudiéramos detectar vida civilizada en el sistema estelar triple Alfa Centauri (su estrella Próxima Centauri está a unos 4,24 años luz de nosotros). Me gusta pensar en posibilidades, mas soy consciente de que una de ellas pudiera ser la carencia de vida en dicho sistema de estrellas. Dicho esto, pareciera que al pensamiento le agradara torturarse, pero no es más que la aceptación de los límites de nuestro conocimiento actual.
En el presente estado de nuestras capacidades científicas y tecnológicas es inevitable no sentir un poco de ansiedad. (¡Sería fantástico poder viajar a la velocidad de la luz!) Anhelamos (o soñamos con) encontrar civilizaciones extraterrestres y entrar en contacto con ellas. Pero me pregunto si sacaremos algún provecho (en caso de que lleguemos a detectar tan solo una de ellas, aunque no hagamos contacto), en el sentido de tener una mejor convivencia entre nosotros, los terrícolas.
¿Será que solo nos hace falta saber con certeza que no somos los únicos en este inmenso universo para volvernos ejemplares ciudadanos del cosmos, verdaderos cosmopolitas? ¿No sería justamente lo contrario, que, sabiendo que no somos los únicos, nos valorásemos menos los unos a los otros? Quizás soy algo pesimista en cuanto a esto (deseo equivocarme), pero nuestra propia historia de vida en el planeta apoya mi trágica visión.
miércoles, 3 de agosto de 2026