La Palabra, la Poesía y la Creación
Antes que existiera el mundo o la luz,
antes que el silencio supiera de voz,
ya estaba la Palabra, semilla eterna,
guardando el secreto de todo lo que somos.
Ella fue el primer soplo que abrió el cielo,
la primera gota que formó el mar,
el hilo invisible que une las almas
y hace que lo imposible empiece a soñar.
De la Palabra nace la Poesía,
como el agua nace del corazón de la tierra;
no se inventa, se siente y se respira,
es el alma hablando sin que se le cierren.
No está en las letras ni en el papel quieto,
viaja en el aire, vive en la mirada;
transforma lo pequeño en algo infinito,
y lo que estaba roto, lo vuelve a hacer alma.
Y cuando la Palabra y la Poesía se abrazan,
nace la Creación, pura y sin final:
cada verso es un mundo que se hace vida,
cada idea una estrella que empieza a brillar.
No necesitas pincel ni grandes herramientas,
con una sola palabra se puede crear:
un cielo nuevo, un sol que no se apague,
un lugar donde el amor pueda descansar.
La Creación no es solo hacer cosas nuevas,
es devolverle al mundo su verdad;
es tomar el silencio y darle un nombre,
es tomar la oscuridad y darle claridad.
Tú llevas la Palabra guardada en el pecho,
tú llevas la Poesía en tu forma de ser;
eres creador cada vez que respiras,
cada vez que sientes, cada vez que crees.
Porque la verdadera magia de todo esto,
el misterio más grande y más profundo es:
que la Palabra te creó a ti primero,
y ahora te deja crear también a ti, después.