Te amo y no sé por qué
No preguntes al viento
por qué regresa siempre
a besar las mismas montañas,
ni interrogues al río
por qué busca incansable
el abrazo del mar.
Hay secretos
que nacieron antes que las palabras.
Así te amo.
No porque seas la promesa
de un mañana perfecto,
ni porque hayas desterrado
todas las sombras de mi vida.
Te amo
como la lluvia ama la tierra sedienta,
como la noche protege
la tímida luz de las estrellas,
sin exigir razones,
sin pedir permiso al universo.
He intentado convencer a mi memoria
de olvidar el camino hacia tu nombre.
Le he ordenado al corazón
que cierre sus ventanas,
que deje de esperarte
cuando la tarde se vuelve silencio.
Pero el corazón
es un viejo rebelde.
Ignora la prudencia,
se burla del orgullo
y vuelve a pronunciarte
como si tu ausencia
fuera apenas un sueño.
Hay noches
en que el insomnio
se sienta junto a mi cama
y cuenta lentamente
los minutos que dejaste vacíos.
Entonces descubro
que el tiempo no cura,
solo aprende
a caminar con la nostalgia.
He querido regalar mis afectos
a otros horizontes,
buscar otros ojos,
otras voces,
otros abrazos
que me enseñen un nuevo comienzo.
Pero cada amanecer
termina llevándome
al mismo lugar invisible
donde habita tu recuerdo.
Quizá el amor
no sea una pregunta
destinada a encontrar respuesta.
Quizá sea apenas
esa llama obstinada
que continúa ardiendo
aunque el invierno
la rodee de hielo.
Y si algún día
la vida me preguntara
por qué elegí este destino,
solo podría responder
con la verdad más sencilla
que he conocido:
No encontré la razón
para amarte.
Encontré el amor…
y llevaba tu nombre.
—Luis Barreda/LAB