JUSTO ALDÚ

ESTRATIGRAFÍA DE UN AMOR

A mi esposa en su cumpleaños
y nuestro aniversario de bodas.

Antes de ti, la nada.
Solo sombra pétrea.
Un cúmulo de quereres intermitentes.
Algunos de la memoria, fugaces
y de mi corazón, ausentes.

Mi porvenir, una cantera
que ignoraba la existencia del mármol.
No llegaste
como cualquiera,
sino como emergen montañas:
sin ruido,
obligando al horizonte
a corregir su antigua geografía.
Quizá necesitaba
un alma como la mía.

Desde entonces
el tiempo dejó de contarse.
Comenzó a sedimentarse.
Cada beso
un depósito de transparencia.
Cada perdón
descendió hasta el magma,
donde las fracturas
deciden si una tierra
merece seguir llamándose continente.

Aprendimos
que amar
es impedir
que dos grietas
olviden
su origen común.

Nada fue invencible.
Ni siquiera nosotros.
Pero hubo una fuerza
más lenta que el desgaste.

Entró
sin hacer preguntas,
reordenando
la arquitectura secreta
de cuanto amenazaba con romperse.

Hoy,
después de más de tres décadas,
descubro
que el tiempo
no consiguió gastarnos.
Nos convirtió
en prueba mineral
de que la ternura
también soporta presión.

Y comprendo
que el día en que naciste
la tierra comenzó,
muy despacio,
a preparar
el lugar exacto
donde algún día
iba a descansar mi vida.

Feliz cumpleaños, amor.
Feliz aniversario
a esta cordillera
que todavía
se eleva.

Nuestro tiempo es inenvejecible.

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