Arih

Las habitaciones del miedo


Todavía no he abierto
la ventana donde dejé tu nombre.
La casa aprendió a vivir sin ruido,
pero algunas paredes
siguen pronunciándote
cuando nadie escucha.
Dicen que el tiempo cura.
No es cierto.
El tiempo cambia de sitio las heridas;
las mueve del pecho a la memoria,
de la memoria a los sueños,
y de los sueños
a ese lugar donde ya no duelen...
pero tampoco desaparecen.
Tengo miedo de marcharme.
Porque quizás aún estés aquí.
Tengo miedo de quedarme.
Porque quizás ya no.
Qué extraña costumbre tiene el amor: convertir la duda en el único lugar donde todavía nos encontramos.
Y mientras aprendo que ninguna sombra permanece si uno decide caminar hacia la luz,
descubro algo que jamás quise admitir:
el amor no estaba contenido.
Era yo.
— Arih