Endimión

Extrañar a un extraño

Por supuesto que no la extraño. Jamás. No extraño su amor a cuentagotas, su mirada fugitiva, las noches en vela ni las diez mil mentiras.

 

Sin embargo, a veces la melancolía practica traicionarme y pienso en sus besos... esos que me hacían llegar al cielo, esos que me ponían nervioso y ella lo notaba, esos largos que jugaban a no acabar y a volverse infinitos, esos que hicimos nuestro lenguaje secreto y que, poco a poco, olvidó.

 

Y, por supuesto, no la pienso. Nunca. Ni en sus manos frías, ni en sus \"te amo\" traicioneros, ni en su forma de hacerme sentir celos, ni mucho menos en las lágrimas desperdiciadas.

 

Sin embargo, noches como esta pienso en su mirada, en aquella que me relajaba con tan solo sentirla, en aquellos dos ojazos que eran tan míos, en aquellos que miraban y descubrían un misterio en cada cosa de la vida, en esa curiosidad que desafiaba a la vida.

 

Pero claro que no la pienso. No pienso en aquellas pequeñas notas que alegraban mi día, en esas discusiones que mataban un poco más de ambos, en esas conversaciones donde nos entendíamos, en cómo su labio se posaba sobre el mío y el mío por debajo del suyo.

 

Por supuesto, mujer, que no te extraño... No. Pero, a veces, me pregunto si mientes como yo y, tal vez, tú también me extrañas.