Llegaste a mi vida como luz en la mañana,
regalo del cielo, bendición del alma.
Me enseñaste que hay otra clase de amor,
que la familia no siempre lleva tu sangre en sus venas,
que a veces el lazo más fuerte se teje con miradas y abrazos.
Me gusta compartir cada risa contigo,
cada juego, ver películas en una tarde,
ayudarte en las tareas, paso a paso con paciencia,
construyendo recuerdos que el tiempo no se lleva,
atesorando instantes simples que se vuelven eternos.
Eres la flor más bella que ha brotado en mi camino,
mi alegría, mi orgullo, mi calma,
también caótica, caprichosa,
mariposa inquieta de colores infinitos.
No importa cuando crezcas ni el rumbo que tomes,
siempre serás mi niña, mi sangre, mi alma.
Estaré a tu lado en sombras y alegrías,
para secar tus lágrimas y celebrar tus victorias,
cómplice de tus sueños y guardián de tus secretos.
Dios te guarde y te guíe, pequeña aventurera,
y mientras tenga aliento puedes contar conmigo,
seré tu refugio, tu hogar,
la voz que te alienta,
el abrazo que te espera,
el cariño que nunca se apaga.