Marshall rizo

Un sueño

Ayer fuimos a Júpiter, no sabía que aquellas inmensidades fuesen visibles o que su camino más corto fuese a través de un andén de tren.

 

Te vi tan espectacular, luciendo tu belleza magistral, dándome a entender que eres con quien siempre quiero estar.

 

Paseamos a la orilla del planeta, viendo el mundo girar al contrario de nuestros pasos.

 

¿Por qué giraba tan rápido si íbamos más lento que de costumbre? No lo sé. Dime, ¿cómo es que brillabas tanto entre tanta oscuridad diurna que nos rodeaba?

 

¿Cómo eres capaz de emanar tanta luz en cada momento?

 

Fuimos a la parte más alta del mundo, te miré a los ojos y te lancé un \"te amo\" de forma ingenua, casi no lo atrapas, pero lograste tomarlo y devolverlo de forma dulce. \"¡Habla más fuerte!\", reclamaste riendo y haciéndome entender que en esa sonrisa ahí quería morir.

 

Te miré de lejos y noté que tus ojos brillaban más que las 95 lunas que nos rodeaban.

 

¿Será casualidad? —pensé con mucha duda—, pero comprendí que el amor que me causas es más grande que cualquier cosa, percepción supongo.

 

Corrimos hasta que la noche comenzó a brillar y, con la cortina de luz nocturna, se trajo consigo amapolas, margaritas y tulipanes brillando desde arriba, manchando nuestros rostros de brillo constante.

 

Se iluminó la noche y anunció nuestro regreso, no sin antes darnos un suave beso que acabó en una leve despedida.

 

Una despedida que anunciaba un día menos para esperar seis días más.

 

Qué ingenuo fui al creer que ese beso bastaría para no extrañarte tanto los días restantes.

 

Pero al final sigues rondando en mi mente como cada día, sabiendo que te vi ayer y que quiero verte toda una vida...