Luna de plata
entre mantos de luceros;
aprendí de los senderos
lo que ignora la ciudad.
Encontrarme:
dónde el monte es compañero.
Que nadie ha de juzgarme
si el bosque me anda llamando;
hace tiempo voy andando
donde el silencio hace nido.
Allí encontré mi destino,
bajo un cielo constelado.
Me siento desorientada
si mis pies no pisan tierra;
si el barro ya no me recuerda
la raíz de dónde soy.
Sé de plantas y de yuyos,
de cortezas y de ungüentos.
Pero también sé de penas
que no cura un brebaje;
hay que emprender el viaje
hasta la noche oscura del alma ,
para atravesar senderos y
contemplar la conciencia infinita
El Alfa y el Omega.
El \"YO SOY\".
Por eso vuelvo al arroyo,
al sauce y al espinillo;
al canto manso del grillo
cuando se duerme la tarde.
Allí ninguna pena arde y
el tiempo es infinito.
Y si algún día me buscan,
no me nombren en la piedra;
búsquenme donde la hiedra
abrace al viejo sauzal,
donde haga nido el zorzal
y el alba perfuma la tierra.