—Lady—
Lady, tu nombre me sabe al recuerdo perdido;
hoy, como ayer, fue grande la imaginación de adorarte.
El sol y las estrellas entristecen al protegerte;
Lady, tu olor me brinda la savia bruta del encanto.
Señora del encanto, del olvido eterno,
mientras más te sueño, más te olvido.
Podrá ser mañana o pasado mañana;
convertida en encanto, escondes tu alma desnuda.
Lady, sueña el olvido de los desamparados;
protege tus deseos, llora tu encanto, sufre tus espantos.
Hoy aprendí que la vida, sin vida, no importa nada.
Corre, trota, escápate del tiempo; vive tus encantos.
Bella la sonrisa, triste el alma; alarga los sufrimientos.
Hoy soy tu alma en pena, vagando por la tundra,
hasta donde llegan los tiempos del inframundo.
«¡Voy por ti!», gritó el desconsuelo. «Ven a mí», respondimos.