Dedicada a la frase:
\"El amor es ciego y la locura siempre lo acompaña\".
Y aquella luz nos cegó
en una noche fría como el hielo,
que se deshizo en nuestros corazones ardientes
e impulsó mi cabeza sobre tu pecho.
No sé si subimos al cielo;
sólo sé que, a nuestros pies, el firmamento
nos miraba con envidia y con recelo,
mientras Dios, mostrándonos su afecto,
dibujó una sonrisa y vencimos todo
miedo.
Aquella estrella cruzaba el cielo,
retándonos, con su tiempo,
a no perdernos en anhelos.
Fue solo tu nombre mi deseo,
y sé que nuestro Dios entendió el resto.
Lo supe cuando esa noche
te confesaba mis sentimientos;
lo supe cuando la ansiada soledad
fundió nuestro amor en un beso.
Y fue desde aquel entonces
que la locura es nuestra aliada;
la oscuridad se convirtió en afilada espada
y fueron escudo nuestras \"verdades inventadas\".
Recuerdo que, en aquella batalla,
cayeron sus almas envenenadas,
y, al ver que, sangrando, te arrastrabas,
comprendí al fin, que ya me necesitabas.
\"Hoy los dos sabemos que una luz nos cegó de amor y que aún la locura sigue caminando de nuestra mano\".