Una suave brisa movió las páginas.
En verano
las hojas no caen por su peso.
Abrí el cuaderno.
La primera hoja todavía pesaba.
Y ahí estabas.
Una letra conocida. Una frase torpe, casi pueril.
El tiempo deja pedacitos de luz
en la tinta.
Algunas cosas las deja grabadas,
como la memoria del agua en la roca.
Fuimos esa agua.
Y la roca en el río.
La misma corriente
golpeando los mismos bordes.
En la pluma
continúa el pulso.
Cada palabra pronunciada con tu voz.
Abrí el cuaderno.
Y el río volvió a su cauce.