Y así fue como la luna, al ver que ya nadie o muy pocos la miraban bajó y se dio cuenta de la indiferencia de las personas, entonces su alegre reflejo se fue extinguiendo en la tierra, pero llegaste tú y con tú brillo le diste un haz de esperanza y comenzó a iluminar los parajes de la tierra, la gente ahora con nuevas ilusiones, volvió a creer en sí misma y comenzaron a enfrentar sus miedos sin vanidades ni egocentrismos, solo fueron ellos y permitieron los silencios necesarios que les dio esa capacidad de reflexión y saber que lo que tienen por muy poco o mucho que pueda ser mientras sea sin ese sentimiento de pertenencia conocerán la libertad al darse cuenta que nada es propio, recién allí se podrá decir soy feliz. La felicidad no es pertenencia, es la liberación del alma por sobre las cosas y personas.