Alex Pantoja 23

Algo sobre la vida y también de la muerte

Está sola, y para seguir el camino

no lleva provisiones.

Cuando pasa

por los días, al final de cada tarde

piensa en todo

lo sucedido: tan solo se lamenta

y se levanta,

marchando hacia un horizonte plano.

Entonces... ese cierto imprevisto

se convierte en su más

grande acierto:

el de que pudo sobrevivir a la vida

en el tan inseguro juego

del azar de la conciencia,

así, tan naturalmente

llena de dudas, de banderas,

de himnos y morales,

de valores y cobardía.

Le dijo el amor que se poblarían

sus labios de cenizas;

dijo también el futuro que

mañana se resistirá a su presente.

Le agregaron valor, pero fue

cobarde;

le agregaron emociones

y no supo qué hacer con ellas.

Entonces

solo apretó su puño,

recordando aquellos

fantasmas como el saldo

de lo sucedido.

«La soledad será igual a la libertad»,

le dijo la serenidad,

«pero no puedes dejar de hacerte

cargo de todo...»

«...porque igual nada te convence»,

le dijo la seguridad.

Y es cuando se te ocurre la idea

de seguir, seguir y seguir,

y ese es otro acierto

luego de aceptar que te

refugias en una habitación

que no es la tuya,

que sueles escuchar los pasos

de la muerte cada vez más

cerca de la cama...

pero sabes, resulta que

temerle es innecesario,

y es cuando aprendes a convivir

con ella, no como algo espantoso

e incierto, sino

como otro amor,

como otro afán,

como otro tiempo,

hasta caerse lentamente

toda la difamación...