Las Enseñanzas de los Grandes Sabios Poetas
Los sabios no nos hablaron de leyes duras,
ni de caminos rectos que no tienen fin,
nos dejaron sus voces hechas de ternura,
y la verdad guardada en un verso sutil.
Nos enseñaron primero a mirar despacio,
no con los ojos solo, sino con el alma;
que lo que brilla mucho suele ser vacío,
y lo que calla a veces lleva toda la calma.
Dijeron que el dolor no es un castigo,
sino agua que limpia y hace crecer;
que el amor no se gana con oro ni ruido,
sino con el silencio de saber querer.
Nos advirtieron de la trampa del envase,
de adorar la forma y olvidar el contenido;
que el cuerpo es solo un huésped pasajero,
y lo eterno vive en lo que has sentido.
Nos enseñaron que la magia no está lejos,
ni en reinos extraños ni en tierras de allá;
habita en una mano que tiendes al caído,
en el perdón que das, en saber callar.
Que las palabras tienen peso y alma,
que no se lanzan al viento sin razón;
pueden ser luz que abra la esperanza,
o espada que hiera el corazón.
Nos dijeron: no busques ser el más fuerte,
busca ser justo, busca ser verdadero;
que quien se llena de orgullo se hace pequeño,
y quien se humilla lleva el mundo entero.
Que el tiempo no se va, se queda en nosotros,
en cada acto bueno, en cada lección;
que una vida corta vivida con esencia
vale más que cien años sin tener voz.
Nos mostraron que todo está conectado:
el polvo, la estrella, el río y el ser humano;
que lo que haces al más pequeño de todos,
lo estás haciendo a ti mismo, con tu propia mano.
No nos pidieron templos ni grandes altares,
sino que hagamos del mundo un lugar mejor;
que la mayor sabiduría es saber amar,
y la mayor virtud, tener un buen corazón.
Y al final nos dejaron este secreto,
que solo entiende quien sabe sentir:
tú llevas toda la sabiduría dentro,
solo debes aprender a escuchar y vivir.
Porque los sabios poetas no vinieron a darte
verdades prestadas que olvidarás un día;
vinieron a encender tu propia luz,
para que tú mismo seas tu propia guía.