Enmascaradodelapoesia

Mi ángel, mi dulce prisión

Te vi aparecer, segura y tierna,

un ángel enviado desde el cielo,

con una calma que todo lo cura,

y una luz que llena mi suelo.

 

Tus ojos guardan la luz del universo entero,

dos luces divinas que brillan sin fin,

cuando me miran, el mundo se detiene,

y en su fuego sagrado quiero vivir.

 

Tus labios suaves, de seda y promesa,

piden la prisión dulce de mi amor,

y yo me rindo sin dudar ni un momento,

feliz de entregarme, sin miedo ni temor.

 

Es una prisión sin muros ni cadenas duras,

hecha de tus caricias, de tu voz y tu verdad,

el único lugar donde quiero estar siempre,

donde mi alma encuentra su libertad.

 

Tu cabello largo baila un ballet divino,

jugueteando suavemente con el viento,

parece alas que el cielo dejó caer,

para traerme gracia, consuelo y aliento.

 

Tu cuerpo respira una seducción pura,

lleno de elegancia, sin malicia ni falsedad,

cada gesto tuyo es un regalo del cielo,

que atrapa mis sentidos y mi voluntad.

 

Te vi y entendí el verdadero milagro,

verte es gloria, oírte es el paraíso,

tu voz es la melodía que siempre soñé,

la paz que mi alma buscó, y ahora sí he hallado.

 

No quiero salir jamás de este cautiverio,

ser prisionero tuyo es mi mayor bendición,

prefiero mil años en tus brazos amados

que ser libre en todo el resto de la creación.

 

Eres mi ángel hermoso, mi dueña y mi todo,

mi refugio eterno, mi dulce prisión,

te amo con el alma, con vida y con fuerza,

hasta el último aliento de mi corazón.