Noa Subin

Epifanía del Poema

Epifanía del Poema

 

El poema no se inventa: se descubre.

Estaba allí, esperando, silencioso,

como la luz que espera el amanecer,

como el secreto que guarda el reposo.

 

De pronto, una palabra abre el cielo,

y todo se aclara, sin ruido y sin prisa;

comprendes de golpe por qué duele y ama,

por qué vive el alma y por qué da risa.

 

Ya no hay separación, ni sombra, ni duda:

el verso y tú, el poeta y su verdad,

todo es uno, todo es luz pura,

todo es claro, sin tiempo y sin final.

 

Es el instante en que el poema te revela

que no lo escribiste… él te eligió a ti,

para que su voz, que era eterna y muda,

tomará tu aliento y aprendiera a vivir.

 

Llegó como un suspiro que trae el viento,

no de tu mente, sino de mucho más lejos;

atravesó el silencio y los siglos,

solo para hallarte en este momento.

 

No buscabas respuestas, y las hallaste,

no pediste señales, y brilló todo;

lo que parecía un sueño ajeno,

resultó ser tu propia alma hablando.

 

Las palabras son solo llaves ligeras,

que abren puertas que siempre estuvieron ahí;

el poema no trae nada nuevo…

solo te recuerda lo que olvidaste de ti.

 

Y cuando se apague la última línea,

seguirá brillando dentro de tu pecho;

porque una epifanía no se olvida,

ni se aleja, ni se va… sigue siendo tú.