Llamé... llamé y llamé,
y la pesadilla
del monstruo
horrendo nunca acabó.
¿Quizás era yo
su pesadilla?
Llamé... llamé y llamé,
y el náufrago que andaba
por el mar
ha llamado
al viento
y le confesó su deseo
de ser y de estar,
de vivir y de morir...
Pero un pájaro azul,
igual de horrendo
que el monstruo,
le dijo al viento:
«No respondas,
déjalo morir en su
naufragio,
mátalo de hambre y de sed».
Y se marchó volando
hacía el ondo horizonte
y dejó al viento
prisionero del silencio.
Ya con el viaje del pájaro azul
hacia el vacío,
en medio de la mudez del viento
y el mundo enamorado
de ese horrible silencio,
grité:
«He llamado... he llamado,
he llamado...
hasta nunca, viento».