En el alféizar descansa la calma.
Una maceta de margaritas
bebiendo sol de la mañana.
Y los pétalos se sueltan,
no por tristeza,
sino porque ya cumplieron.
Flotan bajito,
como pensamientos que por fin respiran.
Como secretos que eligen volar
en vez de quedarse guardados.
La luz entra sin pedir permiso
y pinta de oro lo simple:
el verde, el blanco, el silencio.
Aquí no hace falta gritar.
Aquí la paz se dice bajito.
Y las mujeres que sufren en silencio
encuentran en esta ventana
un ratito para ser flor:
abrirse, aunque sea un poco,
y dejar que el viento se lleve lo que pesa.