Una sutil esperanza,
que con moderada pasión
él lo quita de su lugar.
En su espacio alcanza,
ensamblando cada porción,
todas sus hojas sin colgar.
Como algo ya rancio,
y terminan solitarios,
vírgenes a su elección.
Con su propio cansancio
en sus habituales diarios,
sostenido en su acción.
Estimula, persuade, inspira
el tiempo que ha pasado;
plácida su consecuencia.
Esas causas que respira,
invisible lo formado,
fugaz para su conciencia.
Pablo Paronzini.