Capitulo 8 LA ENTREGA.
El ritmo de Ethan se volvió insaciable, una tormenta de carne y deseo que parecía no tener fin. Sus músculos se tensaban con cada movimiento, su pecho subiendo y bajando con respiraciones pesadas que resonaban en la habitación silenciosa.
—Dilo otra vez —le exigió, su voz rompiéndose por la intensidad—. Di que eres mía.
Sus manos bajaron de sus muñecas para aferrarse a su cintura, marcando el ritmo con una fuerza que la hacía temblar. La conexión entre ambos era casi eléctrica, una corriente que los recorría a ambos y los mantenía unidos en ese espacio privado y cálido.
De repente, Ethan se detuvo por un instante, apoyando su frente contra la de ella. Su respiración era un caos de jadeos calientes, y sus ojos negros buscaban los de Reyna con una vulnerabilidad que nunca antes había mostrado.
—No puedo...
Ethan soltó un suspiro largo, casi tembloroso, mientras dejaba que los dedos de Reyna jugaran con su cabello. La suavidad de sus caricias lo desarmaba más que cualquier otra cosa. Se dejó caer sobre ella de nuevo, pero esta vez con una calma que nunca le había pertenecido.
—Tienes razón —murmuró contra sus labios—. No necesito más pruebas.
La rodeó con sus brazos, pegándola a su pecho, y por primera vez en años, no sintió la necesidad de mantener la distancia o de lanzar un comentario sarcástico. El silencio entre ellos ya no era tenso ni hostil; era cálido, casi sagrado.
—Entonces deja de ser tan buena conmigo —dijo con una media sonrisa, su voz recuperando algo de ese tono oscuro y juguetón—. Porque ahora que sé que eres mía, no voy a tener piedad.
Ufff: modo dulce 😍 😈🥵