Tengo un pozo en el patio de mi casa,
de tres metros de profundidad.
He plantado girasoles alrededor.
Lijé dos maderas secas
hasta hacer una cruz.
En ella escribí mi nombre
con un carbón que no se consumió.
Porque sé que he de morir,
antes de hacerlo
solo un favor he de pedir:
Arrojen mi cuerpo al pozo.
Den tres paladas de tierra magra.
Arranquen los girasoles
y échenlos conmigo.
Sin velorios.
Sin adornos.
Solo una cruz apenas lijada
y yo.
Déjenme ahí
hasta que la tierra reclame lo suyo
y el viento se lleve mi nombre.