Me bebo la noche a sorbos lentos,
buscando algo que me pueble el cuerpo,
mientras el saxo derrama su lamento, dorando el aire,
como un tesoro perdido que busca en la penumbra
enriquecer la oscuridad con sus notas de niebla.
Hay una bruma densa de historias flotando en el bar,
y en mi vaso medio lleno de whisky,
el amor juega a hundirse entre los cubitos de hielo,
amargo, frío, hundiéndose y flotando
como una nave leve en el cristal.
El ambiente se va cargando de tiempo detenido y secretos,
pero en la penumbra la esperanza recupera su voz,
murmura en las mesas, renace en la madera.
Y aquí me quedo, esperando,
mientras el alma se me llena de este ritmo oscuro,
a que la bella vocalista traiga sus labios,
me dibuje en el rostro un beso de fuego y sombra,
y nos entregue, vibrando en la garganta,
sus canciones nacientes de deseo, amor y decepción.