Una Royal Safari exhala de marginadores rotos,
luego de decapitar inútilmente mil esbozos de frivolidad
y un cuento de sal testigo.
El té con coca se anima a respirar
en esta habitación de sombras improvisadas,
silenciosa, que ya no expone en las galerías
el hambre del ayer.
Tu vestido cerca de la cama;
en él, la vanagloria de un poema,
el borde y el olor a abismo.
¿Qué te acongoja, Bahamas?
¿La distancia segura?
¿Asumir que está colmada la tumba?
¿La renuncia a los dulces coscorrones del tiempo?
¿El aire ansioso que baja de la calle?
Si tan solo pudiera llamarte fuego, o viento,
quizá mi soledad sería más sensata.
Una Royal Safari exhala de marginadores rotos
luego de decapitar fantasías en una fiesta de bostezos.
Respira modesto en la habitación.
¡Si tan solo pudiera dibujarte mil años!
¡O descubrir tu suerte en las excretas de los vinos!
¡O tirarte piedras a tu techo!
¿Qué te acongoja?
Si tengo más derrotas que ganas de perderte.