Algunas veces brindo a tu salud
y, otras, simplemente te evaporas.
Mi hobby es cambiar de latitud
y tengo el copyright de mis auroras.
A veces guardo un verso sin firmar
en el primer cajón de mi esqueleto
y, luego, lo despliego sobre el mar,
consciente de que guardará el secreto.
Mi mundo me ha contado su verdad.
El tuyo tiene una versión distinta.
Pintemos cada cual su soledad
sin lágrimas que mojen nuestra tinta.
Como este año me porté tan mal,
he pedido tan solo dos regalos:
un cuento con un beso sin final
en una carta a los Reyes Malos.
Las doce de la noche: la señal.
Espero que después no me arrepienta.
Saldré con un zapato de cristal
que ahorme el pie de alguna Cenicienta.