No visto de seda mis verdades, ni disfrazo el temblor con el engaño.
Llevo en el pecho un fuego sin tamaño, que arranca de raíz las vanidades.
No busco el pacto gris de los silencios que entierran a medias la justicia;
ni vendo la sonrisa que acaricia mientras sostiene abismos y recelos.
Voy ligera y despojada en la brega, con el alma en la piel y sin mentira.
Quien me mira de cerca, bien me mira: soy la verdad radiante que no ciega.
Elijo ser hoy libre y sin cadenas. No temo al qué dirán ni a sus condenas;
conozco bien mi luz, mi paso y voy, quemando la fachada en donde estoy.
Anita del Perú
No visto de seda mis verdades,
ni disfrazo el temblor con el engaño.
Llevo en el pecho un fuego sin tamaño, que arranca de raíz las vanidades.
No busco el pacto gris de los silencios que entierran a medias la justicia;
no vendo la sonrisa que acaricia mientras sostiene abismos y recelos.
Voy ligera y despojada en la brega, con el alma en la piel y sin mentira.
Quien me mira de cerca, bien me mira: soy la verdad radiante que no ciega.
Elijo ser hoy libre y sin cadenas.
No temo al qué dirán ni a sus condenas; conozco bien mi luz, mi paso y voy quemando la fachada en donde estoy.