El alma detrás del cristal
Vivimos en un mundo donde el adiós se viste de oro
y el funeral brilla más que la vida que reposa;
donde la boda es un sol que quema el decorado,
y el amor se esconde en la sombra del vestido.
Se alaba el brillo de la piel, la línea, la forma,
como si el cuerpo fuera el fuego y el alma solo ceniza;
pero el intelecto es río que canta en la profundidad,
magia que no se ve, pero que sostiene la vida.
Somos la cultura del envase:
un frasco de cristal que admira su reflejo,
y olvida que dentro late el vino,
que dentro late el ser, la esencia, el alma.
Porque la magia no está en lo que se ve,
sino en lo que se siente, en lo que se ama,
en lo que se piensa, en lo que se crea:
la virtud es el contenido,
y el envase solo es su paso por el mundo.
Lo que brilla no siempre arde
el luto es flor que se marchita pronto,
pero el recuerdo es raíz que no se rompe,
amor que no necesita traje ni adorno.
La luz no vive en la vitrina
habita en la palabra que consuela,
en la mano que levanta al caído,
en el alma que aun cuando duele, vuela.
El envase es solo un puente
un soplo de aire, un instante, un disfraz,
lo eterno es lo que llevas dentro:
tu verdad, tu fuego, tu propia paz.
No confundas el camino con la meta
ni el espejo con quien realmente eres,
la magia está en lo que nadie ve,
en lo que queda cuando todo se pierde.
NOAH SUBIN