Tú, que cantas todas mis
desgracias;
tú, que observas todo
lo que sueño...
háblame: ¿Cómo estamos
de esperanzas?
¿Aún siguen en pie alguna
de ellas?
¿Podrás recordarme
mis sueños?
Describirme aquella
casa vacía
con todas mis muertes...
Que yo me entregaré
a solo una de ellas
con puñados de infancia,
con puñados de vida,
con puñados de deseos ebrios.
Tú, que miraste esos
deseos, dime:
¿acaso es este el final
que yo quiero?