Antes de conocerte evitaba la ternura que podía existir en mi cuerpo, pero cuando te vi, la ternura se doblegó ante ti: ante tus ojos, ante tus besos, ante tus brazos.
Me haces sentir tan humana, tan viva, tan Fernanda; sacas lo mejor de mí. Antes creía que la dueña de mí era yo, pero tú sacas una versión mía que ni yo misma sabía que existía y todo lo que tengo de bueno en mí se vuelve hacia ti. Por ti creció mi corazón y quererte se siente como un alivio, un descanso de todo este mundo tan superficial en donde tú eres lo único real. Siento que las palabras están de más; si observas de cerquita, verás que mi corazón tiembla de alegría al deletrear tu nombre.
Qué bueno que te conocí, amor. Sin darte cuenta me salvaste de una agonía que solo tus manos podían terminar, de la que solo el calor de tus besos podía avivar mi cuerpo y solo tu amor podía revivir todo aquello que ya estaba muerto.
Te quiero, te quiero, te quiero. Más de lo que habría imaginado, más de lo que mi corazón había conocido. Es que tú has rebasado todo, has sobrepasado barreras con un solo toque: con el toque de tu amor.