En el nido que el alma nos ha unido,
mora el amor sin caer en demora;
lumbre de vela que en umbral aflora,
latir que corresponde mi latido.
Te riño cuando tu cariño pido,
por amor intenso en mi pecho tenso;
sopesado ego de este amor inmenso
que, hiere en su hecho, por mi pecho destruido.
Con razón pura la razón apura,
y expira la ira sin malverte verte...
¡El tiempo invierte y de su amor nos vierte!
Me abrazas y entre brazas de ternura,
rozo tu boca, que esbozo al tenerte...
¡Veneno que venero en su dulzura!