De los Montes de María yo te traje
de entre la maleza y el Dividivi
y llegaste hasta mi puerta sin ultraje
con tus piernas largas como el Ibis
La brisa cantarina del Sinú
fue testigo de tu risa sabanera
y mi alma sollozó con ímpetu
cuando te acaricié por vez primera
Tu llegaste desde la montaña,
desde la montaña amor mio
con esa belleza que amaña
y engalana los colores con gran brío
La ciudad se iluminó con tu presencia
con tu cara y tu sonrisa oropel.
Mis caricias se enrumbaron a tu esencia
mientras a mi vida te abrías paso sin tropel.