Mi mente no depende de mi arte,
mas sí mi forma de fluir
-Otros basan su identidad en supuestas señales.
Un loco ya no busca, solamente se mete en embolados.-.
Me joden los ineptos, y de eso hay muchísimos,
que piensan que Dios les salva y les elige.
Fíjense, porque somos un sinnúmero.
Eso sí, desde vuestra posición no distinguís la saña de lo auténtico.
Esto no es un poema, mi estilo se comparte,
mezquinos.
También es imposible sentir la trascendencia
para quienes están avocados al mal.
Y yo no soy la muerte, pero podría serlo
vaciando mis trabajos, también mis borradores.
Yo no digo que sea Dios, pero ni tan siquiera ustedes
podrían manejar este poder,
para que otros supuestos eruditos,
trepas
y cotillas
intenten corregirme
si no pueden con mis textos
el cerebro funciona a cada quien, distinto,
hay quien quiere inundar una charca
con diluvios,
su fama con creyentes.
Y cambiando el estilo hablan a quien desean
alienar.
Su herida está en su infierno,
y se jactan de haber llegado hasta esta purga.
No veréis puntos flacos en sus textos,
pero si tú te dejas convencer, ya se abre
la Biblia a su manera,
La ignorancia jamás os salvará,
es el pecado,
nadie hay vigilándola.
No muevo un solo dedo a su favor,
todo estaba jodido hasta que comencé a sacarles del medio.