Te entrego la flor de mi amistad; en su perfume habita mi verdad, en cada pétalo descansa mi confianza, y en el fulgor de sus colores, mi lealtad.
Siempre caminaré a tu lado, en el perfume de las flores, en el murmullo cristalino de los ríos,.y en la tibieza dorada de los atardeceres.
En los días de alegría y en las horas de tristeza, podrás contar conmigo sin condición ni medida.
Mi hombro será refugio para tus lágrimas, mi sonrisa, compañía para tus risas, y mi corazón, un lugar donde siempre podrás soñar.
Viviré en cada verso que te escriba, en tus triunfos y en tus heridas, porque la amistad verdadera no conoce distancias ni despedidas.
Y aunque un día mi voz se apague y mi camino llegue a su final, mi cariño permanecerá contigo, como un recuerdo eterno e inmortal.
La verdadera amistad sí existe, igual que la lealtad sincera; solo que, entre millones de caminos, es un tesoro difícil de encontrar… y una bendición cuando llega a nuestra vida.