No sé en qué rincón del tiempo
tu nombre aprendió el camino hacia el mío.
Tal vez fue una estrella fugaz,
o el viento de promesas guardadas
que ninguno de los dos escuchó.
Dicen que el destino existe,
pero yo nunca le creí
hasta que tus ojos
hicieron que el mundo dejara
de parecer un lugar tan inmenso,
Reduciéndose a unos pocos miles de kilómetros.
Si alguna vez nos perdemos,
no temas.
Hay hilos que ni el miedo rompe,
ni la distancia desata,
ni el tiempo consigue olvidar.
Hilos que se tensan pero jamás se rompen.
Porque hay amores
que no empiezan cuando se conocen,
sino cuando el universo
decide dejar de esconderlos.
Y si alguien me pregunta
qué significa el destino,
Respondería,
que el destino
siempre fue otra forma
de decir tú.
El sonido del mundo.