Él mide el tiempo con golpes de los dedos sobre la madera.
Frente al espejo, mi vestido ceñido y en el escote, una gota de rubí.
Dos toques de tu fragancia favorita en la piel: ese detalle sutil
por el que siempre giras tu rostro al pasar…
Frente al teatro tú, acompañado, como exige el protocolo.
Un saludo formal, una distancia necesaria;
nuestros cuerpos se reconocen mucho antes que las miradas.
Avanzamos hacia el palco.
El orden repetido de siempre:
mi lugar adelante; a mi lado,
él con su traje impoluto,
acomodando los gemelos de la camisa.
Detrás, el calor de tu aliento rozándome la nuca,
mientras le sonríes a tu nueva compañía.
El telón se eleva. Todo queda a oscuras.
Un piano rompe el silencio y las teclas simulan una caricia sobre la piel.
Mi pulso se acelera al compás de la sinfonía, esperando esa pausa, cuando impaciente, él inicia su rutina a mitad de un adagio
para encender un cigarrillo.
Disimulo el gesto de fastidio, guardando las formas.
Luego del interludio, cuando él queda inmerso en la melodía;
con tu pañuelo, llega la señal.
Camino sin prisa por el pasillo de la cuarta puerta.
No necesito volverme; tu aroma ya camina conmigo.
El camerino a oscuras, cerrojo discreto,
la voracidad de los ojos que no piden permiso.
No hay tiempo para rodeos:
hay prisa por despojar a la dama de su compostura.
Tu lengua busca la mía con frenesí.
Desde el pasillo, el piano sofoca los gemidos
mientras nos movemos al mismo compás… al acorde más agudo,
el punto cúlmine donde la ola rompe, ese crescendo exacto antes de que la melodía empiece a disolverse.
Una pausa. Volver a la realidad.
El espejo devuelve a la mujer de siempre, con el vestido en su sitio.
Regreso al palco.
Él sigue absorto en la música; me siento, busco un chicle.
Tú entras con el aire frío
tranquilo, despreocupado.
Ofrezco el paquete a la muchacha,
con una sonrisa lo rechaza;
tú rozas la punta de mis dedos, aceptas uno con un casi inaudible gracias.
Él, pide silencio, sumergido en su universo.
Le doy la razón.
Que nadie interrumpa este instante.
Él, saciado con su música.
Yo, plena con tu secreto dentro de mí.