Dianne D.

Marte

Qué amarga es la herencia de mi suerte,
qué extraño es el pulso que habita mi mano,
apenas un rastro, un eco lejano,
un cuerpo que espera, callado, a la muerte.

Marte me impone su acero y su brillo,
Marte me dicta una guerra que es muda,
esta armadura de angustia
y de duda me encierra el alma cual frío castillo.

Soy el despojo que el viento desecha,
soy una pieza que el tiempo ha quebrado,
un reloj roto, un mapa olvidado,
punta que ignora el sentido de su flecha.

Soy este cuerpo que el alma no habita,
soy este hierro forjado en la guerra,
soy la raíz que no abraza la tierra,
un eco sordo que el miedo gravita.

Me siento carga, me siento herida,
insoportable presencia en el espejo,
soy el reemplazo de un viejo reflejo,
un \"yo\" inservible que sobra en la vida.

Inservible es la voz,
inservible el grito,
inservible el llanto que al papel se aferra.
Tan solo residuo, un terrón de tierra,
un eco gastado en un cielo infinito.