Para llegar a tu ataúd siendo el mejor
pisoteaste miles de huesos y carnes.
¿Para llegar adónde?, pregunto yo,
si no hay más que este planeta.
Haber tendido la mano,
dar lo que hubieras podido,
amar hasta el aire y reído
con todo ser viviente que estuvo.
Pero te matas por premio virtual
con avatar o nick que nadie conoce
-no sé si partirme de risa, o llorar
si pienso qué harás por otras cosas.
En la médula, en la cabeza, te metieron el ego.
Sácatelo. Vive tranquilo, en paz,
o sigue pisando al prójimo para darte cuenta
-si tienes suerte, y piensas también-
que todo ese tiempo fuiste
un imbécil de tamaño universal.