Cerrad los ojos, dulce amor mío;
dormid en mi pecho el más tierno sueño.
Sentid mi corazón latir con brío
y llevadlo con vos como su único dueño.
Quisiera que, allá, mis caricias sientas;
que la plenitud te invada sin razón;
que mires al cielo mientras lamentas
no encontrar el latir de un corazón.
Y, al tocarnos el primer rayo de luz,
despertarás de un sueño fatigado,
llorando de temor y de inquietud.
Te fundirás conmigo en un abrazo
en busca de un cobijo del cual tú
sólo entenderás haberlo encontrado.