Sílex y sangre,
el bisonte respira en la pared de la cueva,
padre del fuego,
dueño del hambre.
El colmillo echa raíces en el rostro,
el halcón presta su ojo al faraón,
el toro viste túnica en el Olimpo.
La garra se vuelve mito,
el rugido, estatua de mármol,
el cuerpo se evapora en dogma.
Queda la idea,
un triángulo ciego en la escolástica,
Dios se vuelve ecuación sin boca,
pura teología
que reza a su propia geometría.