Soy un cotiledón,
una promesa,
un anuncio
que aún no se anuncia.
Soy un prospecto,
el instructivo escrito en savia,
que aún no explica nada.
Soy la radícula,
que percibe el abajo,
la cría abandonada,
que unge mamá
al papel secante.
Soy la curiosidad
que despertó el vidrio,
milagros de agua,
el lugar en que habito.
Soy clamor
de verde que sana,
tengo futuro de sombras
y melodías silbadas.
Soy un coleóptilo,
no es mi intención,
pero explico:
no siempre la dureza
es protección.
Soy embrión,
o el primer envión,
pequeña gota
del gran aluvión
que tal vez
prevalezca.