Cuando aún no se le concedió
la conciencia al hombre,
le dieron a elegir:
la paz o la felicidad,
el amor o la libertad.
Paradójicamente,
eligió la libertad.
Ahora se siente
como una gran
bolsa de papas vacía
dentro de su cabeza,
después de que lo perdió todo:
libertad, felicidad, paz, amor
y sueños.
«Debí elegir el amor»,
es quizás lo que se dicen
algunos en
estos momentos...
Pero ya no hay tiempo
para la ira,
para el hablar,
para orar,
para buscar en la memoria,
para errar en su espera
del pequeño frenesí
que, según le han dicho, le
va a dar la vida...
Solo nace y exhala,
debilísimo.
Y en su pequeño rinconcito
cae una lágrima al suelo,
y en su sangre hundida,
desde entonces tiembla la bala..