Vengo a encender
la niebla profunda
del olvido,
el diminuto signo
que atemoriza a la noche,
el tiempo que palpita
y oculta la lluvia,
el silencio que atesora
lo que ahora
se irá.
Ese ayer,
y ese todavía,
que se desprenden
lentamente de mi alma.
Y tal vez
amanezca en mí
la sed
de amar.
Todo cabe
en la extinción
y en la multiplicación.
Todo pasa,
y todo puede, acaso,
ocultarse
también,
detrás de unas palabras.