Nací inventando alas de tul y viento,
buscando en la calma un lejano lugar;
hoy llevo en la alforja la paz del momento,
la sombra del tiempo y el arte de amar.
Me llaman la extraña por guardar distancia,
por huir del ruido que hiere al pasar,
pero en este campo encontré la fragancia
del único afecto que no ha de fallar.
Veinte colitas y cuatro miradas,
mis ángeles fieles cuidando mi andar;
en sus almas nobles y tan entregadas,
encontré la gloria de mi verdadero hogar.