Unos a otros
nos mesábamos las barbas,
y con los pelos desprendidos
nos pinchábamos las narices.
Entre los pinos, sin mar,
el basural calcinado
compartía nuestro juego,
con gaviotas defecando
y cuervos aburridos.
Con un dedo en el ojo
y con el otro en la nariz,
yo miraba oxidarse las latas
y pensaba en Madrid.
Tenía un pelo en la uña
que parecía una hoz,
las aves habían volado
y yo me puse a pelar las plumas
perdidas por los cuervos al huir.
Todos cantaban una marcha militar
alrededor de un preservativo
que había escapado de las llamas
de una encendida nuez.
Pasó un caballo
y detrás el jinete,
con las botas manchadas
y un pelo en la uña.
Detrás de los médanos
había más médanos,
y después de la playa,
el mar.
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Autor
Roberto Vanerio Blanco
Copyright
Buenos Aires, Mayo de 1967