\"CONOCÍ A UN ÁNGEL... ¡GRACIAS MI DIOS!
En la oscuridad de mi noche solitaria...
Enfermo del cuerpo y quizás también del alma...
Cuando todo parecía apagarse y la tristeza y la incertidumbre me ahogaban...
Sentí la mirada omnipresente del Dios amado.
Y llegó ella, ya no era noche, porque luz irradiaba.
Paz, seguridad, empatia con mi yo doliente y, por cierto, envuelta en un aura de amor y dulzura.
Quizás no pueda agracerle lo suficiente, ni a Él -Tú mi Señor-, ni a ella, ángel incomparable que
de tu Amor me regalaste.
Su nombre, sí quiero que lo descubramos, para que juntos le rindamos el sincero homenaje en humilde reconocimiento.
A ti mi ángel, nuestro alado y puro ser
como ninguno en este mundo.
Nadie te podrá igualar porque de Dios y de lejanas tierras llegaste para arroparnos en tus cálidos y delicados brazos.
De Esculapio, Dios de la Medicina, recibiste tus conocimientos.
Roca, fortaleza y convicción de Hipócrates tomaste.
En ti y, por todos ellos, de ángel con túnica blanca te vestiste y de valores sensibles nos inundaste.
A ti, Ángel, a ti Médica, a ti Mujer, a ti Esposa, a ti Madre... de perfumadas flores quiero rodearte en humilde y sincero reconocimiento.
Homenaje a tu ser, ya que por ti y sólo por ti, mi dulce y querida Dama de la Medicina, en el espejo de tu corazón abierto y entregado sin retaceos al prójimo , sentí nuevamente a Él, a mi Dios, a nuestro Dios que siempre es Luz de Vida nos ofrece.
Gracias por entregármelo y, tenlo por seguro, mi querida y dulce Doctora, por los siglos de los siglos en mi humilde y latente corazón, por siempre atesoraré.
¡Amén!
Roberto Bardecio Olivera
(29/7/2026)