Todavía recuerdo cuando te vi por primera vez.
No sé exactamente qué fue lo que sentí. Solo sé que te vi y pensé: qué hombre más bello. Tus ojos, tu sonrisa, tu pelo… todo en vos me pareció hermoso. Nunca imaginé que ese instante, tan pequeño, terminaría convirtiéndose en el comienzo del dolor más grande que ibas a dejar en mí.
Después de eso, mi amigo habló con vos sobre mí.
Y dijiste palabras que quedaron selladas en mi cabeza durante muchísimo tiempo. Palabras que, aunque intentara olvidarlas, siempre encontraban la manera de volver. Después te veía en el colegio y me repetía una y otra vez que eras un estúpido, que no valía la pena seguir sintiendo esto. Pero mi corazón nunca quiso escucharme.
Porque, aunque mi cabeza intentara odiarte, mi corazón seguía amándote.
Después llegaron los días en los que lloraba porque entendí que nunca pude gustarte. Lloraba por una historia que jamás empezó, por algo que solo existía en mi imaginación mientras vos seguías con tu vida como si yo nunca hubiera estado ahí.
Y luego vino lo que, en ese momento, sentí como el golpe más fuerte. O tal vez no el más fuerte, porque después descubrí que el dolor siempre encontraba una forma de crecer.
Te vi con una chica morena.
Con alguien con quien dijiste que nunca estarías.
Y ahí estaba ella.
Marcela.
La misma que ahora cree que estoy obsesionada con ella. Y tal vez, desde afuera, parezca que sí. Pero nunca fue por ella.
Siempre fue por vos.
Porque ella estaba con la persona que me gustaba desde hacía tanto tiempo. Porque ocupaba el lugar que yo imaginé una y mil veces. Y verla ahí era recordar, todos los días, que ese lugar nunca iba a ser mío.
Después llegó julio.
Y con julio llegó un año entero desde que me gustás.
Un año.
Suena tan simple cuando se escribe, pero vivirlo fue otra cosa. Es demasiado tiempo para seguir sintiendo lo mismo por alguien que ni siquiera sabe todo lo que pasa dentro de tu cabeza.
Pero, ¿qué se puede hacer con el corazón cuando decide quedarse donde ya no lo quieren?
Y duele todavía más descubrir que no es que un día dejaran de quererlo.
Es darse cuenta de que, tal vez, nunca lo quisieron.
Que uno se quedó esperando en una puerta que jamás iba a abrirse.
Y aun así...
El corazón sigue sentado ahí, esperando.
Mi corazón sufría.
Y aun así seguía eligiéndote.
Y probablemente todavía siga enamorada de vos, aunque ya no quiera estarlo.
Y después llegó hoy.
Hoy me dejaste de seguir en Instagram.
¿Sabés lo doloroso que fue eso?
Porque todavía recuerdo la felicidad que sentí cuando vi tu solicitud para seguirme. Me acuerdo de la emoción que tenía. Se lo conté a todas mis amigas y ellas se emocionaron conmigo porque sabían lo mucho que significabas para mí.
Y ahora no dejo de pensar que, en el momento en el que dejaste de seguirme, fue como si se hubiera roto lo poquitísimo que teníamos.
Ese hilo tan pequeño que todavía nos unía.
Era casi nada.
Era tan poco…
Y, aun así, yo era feliz con ese poco.
Porque era lo único que sentía realmente nuestro. Lo único que podía mirar y pensar que, de alguna manera, seguíamos conectados, aunque nunca habláramos, aunque probablemente para vos no significara absolutamente nada.
Y de un segundo para otro ese hilo desapareció.
No sé qué me hiciste.
No sé por qué estoy tan enamorada de vos.
No sé por qué, por más que lo intento, no puedo dejar de sentir lo mismo.
Las vacaciones fueron un descanso. Por un momento sentí que podía respirar sin pensarte a cada rato. Pero volvimos al colegio y todo empezó otra vez.
Porque es imposible no mirarte.
O tal vez no seas vos quien siempre se hace notar.
Tal vez soy yo.
Tal vez ya aprendí a distinguirte entre cientos de personas. Tal vez mis ojos te encuentran antes de que yo siquiera me dé cuenta.
Y entonces vuelvo a hacerme la misma pregunta.
¿Por qué tuve que mirarte aquel día?
Si nunca hubiera ido a ese patio del colegio…
Si nunca te hubiera conocido…
Tal vez nunca estaría pasando por todo este dolor.
Y entonces aparecen otras preguntas que tampoco sé responder.
¿Por qué todavía cruzamos miradas?
¿Por qué pareciera que el destino insiste en cruzarnos cuando lo único que intento es dejar de olvidarte?
Les dije a mis amigas que quería que dejaras de gustarme.
Que ya estaba cansada.
Y justamente hoy casi chocamos.
Nicky me apartó tan rápido que estoy segura de que se notó. Vos ni siquiera parecías dispuesto a moverte del camino.
Y, siendo sincera…
Yo tampoco pensaba hacerlo.
Había una parte de mí que quería dejar que pasara.
Pero sabía perfectamente lo que vendría después.
Pensar.
Y pensar.
Y pensar.
Y pensar otra vez.
Y volver a llorar toda la noche, atrapada en ese mismo ciclo del que nunca encuentro la salida.
Y por eso estoy escribiendo esto.
No sé si es un poema.
No sé si es una carta.
No sé si simplemente es mi manera de sacar un dolor que hace un año llevo guardando.
Porque sé que nunca lo vas a leer.
Y si algún día llegáramos a hablar, tampoco te lo mostraría.
Porque, aunque sé que hubo cosas que me lastimaron, no me gustaría que supieras cuánto me dolieron.
A veces me pregunto cómo te sentirías si descubrieras todo esto.
No dejo de imaginar conversaciones que nunca van a pasar.
Escenas inventadas.
Respuestas que nunca voy a escuchar.
Y mientras tanto sigo pensando una y otra vez en lo mismo, sin saber cómo dejar de hacerlo.
Y probablemente tus amigos sepan quién soy.
Pero no de la manera en la que yo soñaba.
No como \"ahí está la chica que le gusta Marcelo\".
Sino como \"ahí está la chica que está loca por Marcelo\".
Y eso también duele.
Porque recuerdo cuando uno de tus amigos me señaló.
No escuché lo que dijo.
Pero sentí que no podía haber sido algo bonito.
Con la forma en la que te busco con la mirada.
Con lo evidente que soy cuando aparecés.
Es imposible que no sepan de mí.
Siempre pasa lo mismo.
Donde estás vos…
Termino estando yo.
Y no entiendo por qué mierda hago eso.
No entiendo por qué sigo humillándome de esta manera.
No entiendo con qué cara entro todos los días al colegio sabiendo que, probablemente, voy a volver a mirarte.
¿Por qué tuve que pasar un año entero enamorada de vos?
Un año.
Un año preguntándome exactamente lo mismo todos los días.
Y probablemente, si no aparece alguien más, siga enamorada de vos hasta el día en que salgas del colegio.
¿Y qué voy a hacer cuando llegue ese día?
¿Cómo voy a reaccionar cuando ya no pueda verte caminar por los pasillos, cuando ya no pueda cruzarme con vos por casualidad, cuando el colegio deje de ser el lugar donde todavía existía la mínima posibilidad de encontrarte?
No puedo aceptar que todo termine sin haber tenido absolutamente nada con vos.
No me importa que muchas personas me hayan dicho que una relación con vos sería aburrida.
Que sos raro.
Que sos seco.
No me importa.
Porque yo solo pensaba una cosa.
\"Por fin estoy con el chico que tanto anhelé.\"
Y con eso me habría bastado.
Pero hasta ahora no pasó nada.
¿Por qué?
¿Por qué simplemente no te gusto?
¿Qué tengo que hacer para que gustes de mí?
¿Tengo que cambiar?
¿Tengo que ser distinta?
¿Tengo que volverme delgada?
¿Tengo que ser blanca?
¿Tengo que hacer lo imposible para convertirme en alguien perfecta a tus ojos?
¿Hasta dónde tendría que dejar de ser yo para que un día me miraras como yo te miré desde el primer momento?
Y es que no entiendo por qué sigo sintiendo algo por vos.
Creo que esta debe ser la quinta vez que lo digo.
Y aun así sigo sin entenderlo.
¿Qué hiciste para volverme tan loca?
¿O acaso nunca fuiste vos?
¿Y si siempre fui yo?
Si el problema soy yo...
Entonces, ¿qué tengo que cambiar de mí?
¿Quién tengo que ser?
¿Qué tendría que hacer para que un día pensaras:
\"Qué bonita... me gusta.\"
Así como yo lo pensé de vos.
¿Qué tendría que hacer para que sintieras una sola parte de todo lo que yo siento?
No lo entiendo.
Y este ya es el segundo poema... o lo que sea que sea esto.
Porque tal vez ni siquiera sea un poema.
Tal vez solo sea mi manera de desahogarme.
Mi manera de sacar un dolor que ya no cabe dentro de mí.
Sea lo que sea esto...
Solo quiero una respuesta.
Decime...
¿Qué tengo que hacer para gustarte?
Porque cada vez que cierro los ojos vuelvo a hacerme la misma pregunta.
Y ya no puedo dormir tranquila.
Cada vez que pienso en vos me duele la cabeza.
Y eso es lo que más miedo me da.
Porque ya no pienso como pensaría una chica a la que simplemente le gusta alguien.
Ya no pienso en si hoy me miraste.
Ya no pienso en si me vi linda.
Ahora pienso en vos...
Y apenas pienso en vos siento una ansiedad enorme.
Una ansiedad que me aprieta el pecho y me hace sentir ganas de llorar sin entender por qué.
¿Por qué me hacés sentir cosas que nadie más logró hacerme sentir?
¿O sí las sentí antes?
Ahora que lo pienso...
Sí.
Solo una persona me hizo sentir algo parecido.
Gabriel.
La misma ansiedad.
La misma desesperación.
Y cuando intento recordar cómo logré superarlo, me doy cuenta de algo.
Te superé a él gracias a vos.
Hubo otros chicos en el camino.
Sí.
Pero todavía quedaba un pedacito de Gabriel dentro de mí.
Y ese pedacito desapareció el día que te vi por primera vez.
Pensé que vos ibas a ser el final de esa historia.
Nunca imaginé que terminarías convirtiéndote en el comienzo de otra.
Y ahora, para colmo, hasta el hermano de Gabriel sabe que me gustás.
Me escuchó hablando de vos con Nicky y Samuel.
Y probablemente sea una persona más que piense:
\"Esa chica está loca por Marcelo.\"
Y ya ni siquiera sé cuántas personas lo saben.
Tal vez diez.
Tal vez cien.
Tal vez todo el colegio.
Y de seguro sentís vergüenza cuando alguien te dice que me gustás.
Pero a veces mi cabeza vuelve a inventar historias imposibles.
¿Y si un día alguien te dijera algo distinto?
¿Y si en lugar de decirte:
\"Esa chica está loca por vos.\"
Te dijeran:
\"Esa chica se ve buena persona. Es muy linda.\"
¿Cambiaría la forma en la que me ves?
¿Dejarías de sentir vergüenza?
¿Y si después llegaran más personas diciendo lo mismo?
¿Terminarías creyéndoles?
Pero...
¿Por qué sigo pensando en esos \"¿y si?\"?
¿Por qué sigo construyendo esperanzas que sé que nunca van a pasar?
¿Por qué no puedo detenerme?
Porque la verdad es otra.
Tengo que aceptar que probablemente nunca voy a gustarte.
Y aun sabiendo eso...
Mi cabeza sigue inventando un \"¿y si...?\" más.
Y otro.
Y otro.
Y otro.
No puedo detenerlos.
Y ahora estoy hecha pedazos.
Porque llevo un año haciéndome exactamente la misma pregunta.
Un año entero.
¿Por qué no soy suficiente para gustarte?
Mi profesor dijo que probablemente me busques el año que viene.
¿Y si no lo hacés?
¿Y si el año que viene sigo diciéndole al profesor que todavía me gustás?
¿Y si nunca logro soltarte?
¿Y si no soy lo suficientemente fuerte para hacerlo?
Hasta en clases intento escapar de vos.
Me obligo a prestar atención.
Me obligo a escuchar.
Pero mientras explican los temas, mi cabeza vuelve al mismo lugar.
\"¿Marcelo estará prestando atención?\"
\"¿Qué estará haciendo Marcelo?\"
\"Marcelo esto...\"
\"Marcelo lo otro...\"
Y cuando la clase termina...
Me doy cuenta de que no entendí nada.
Porque mi cabeza nunca estuvo ahí.
Siempre estuvo con vos.
Y ya no sé cómo detenerla.
Y probablemente todo esto siga.
Porque lo que siento por vos es inmenso.
Pero también sé algo.
Sé que todo lo que acabo de escribir habla mucho más del dolor que del amor.
Y lo sé perfectamente.
Porque, si soy sincera...
Lo que más me hiciste sentir no fue amor.
Fue dolor.
Y, aun así...
Todavía sigo aquí.
Esperándote...