Frente a mis ojos, tu retrato
y mi cobardía firmada:
hoy únicos indicios
de la memoria compartida.
Ayer, de tu mano,
me dejé vencer por el miedo.
Luego, un tumulto de llanto
tapó mi entendimiento.
Ahora, encendida la aurora,
siento escalofrío.
Todavía ululan los recuerdos
con los que me guarecí del frío,
y hoy azotan la memoria,
buscando un cuerpo,
un refugio.
El corazón está dormido.
Aquella tarde de tu engaño,
se quebró el mañana.
Era inminente el adiós
Y sin embargo,
la perversidad
propició que continuara,
más la verdad suele multiplicarse
en todas direcciones
y la herida no sana.
Esta noche,
el recuerdo es cada vez más sombrío.
Quiero dormir,
dormir:
lo ansío.