En el rugido de los sayales, algo llegó a unas manos
que todavía olían a domingo y a infancias de ardillas;
la luna expectante descendió con pompa, llevando el poema
de la tarde, y dejó escombros en la opacidad de la luz.
Donde el cielo extravía las sombras de sus bolsillos inútiles,
se fabricaron botones de horizontes con harina prenatal;
la ternura de la idea se desbordó sobre paraguas de lesiones
grandilocuentes, y se abrieron dos ojos hostiles en la niebla.
Quedó en la saliva el sonido de palabras presagiadas,
pobladas de gorriones engomados y campanas de alacranes;
durmió una parábola en la madera branquial de la pelvis.
Giraron versos con escamas entre silencios rosáceos.
Hubo angustias de trigo sosegado entre nidos de pan:
del reposo de los sueños sin heridas nacieron letras vivas.
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2026
Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
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